A continuación, encontrarás un segmento y 9 preguntas de opción múltiple con un formato y nivel de dificultad similar al de la prueba oficial acerca del mismo. Para simular las condiciones de la prueba, puedes configurar un temporizador digital de 10 minutos y 8 segundos en tu teléfono móvil, que es el tiempo que tendrías para contestar 9 preguntas de esta sección. Esto significa que debes tratar de responder cada pregunta en un máximo 72 segundos. Si no logras responder una pregunta en este lapso, avanza a la siguiente para asegurarte de responder todas las preguntas que puedas. Si todavía te queda tiempo disponible al final, puedes regresar y revisar las preguntas que dejaste en el camino.
Para comenzar el cuestionario, desliza hacia abajo, encontrarás las preguntas por debajo de estas instrucciones. Para finalizar el cuestionario y ver tus resultados da clic en el botón «Terminar Cuestionario» que se encuentra al final de la página.
Puedes tomar el cuestionario las veces que quieras dando clic en el botón «Reiniciar». Si deseas ver la explicación a cada respuesta, haz clic en el botón «Ver respuestas» que aparece después de terminar el cuestionario.
Segmento I
Texto por Juan José Arreola.
Estimable señor:
(1) Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.
(2) En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)
(3) Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. (4) Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. (5) No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis. Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.
(6) Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. (7) Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. (8) Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. (9) Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. (10) Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.
(11) Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. (12) Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. (13) ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.
(14) A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. (15) Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. (16) Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. (17) Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud… Perdón; usted es todavía joven. (18) Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.